Middia Dute, NJM

DESDE UNA MIRADA DE FE – Middia Doute, NJM

Confía en el Señor con todo tu corazón, y no confíes en tu propia prudencia.
Reconócelo dondequiera que vayas y en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.
(Proverbios 3:5-6 RVC)

“Para quien permanece con Cristo, nada se pierde” Consciente de ello, me apoyo en Él para descubrir cada día a qué me invita a vivir, especialmente en estos días pasados con la noticia de la llegada a la Casa del Padre de dos miembros de mi familia. No lo podía creer, y no sabía cómo afrontarlo, superarlo, aunque no es la primera vez que pierdo a un familiar.

No sé cómo expresar lo que siento, solo puedo confiar en Dios que me ayudará a comprender y a superar eso que tanto me duele. Perder a alguien a quien amo me hace sentir como si una parte de mí no estuviera presente, faltante, y más aún porque ni siquiera pudimos despedirnos por última vez. Ante esta situación descubrí que el único que podía entenderme sin hablar, como si fuera un refugio donde puedo encontrar paz completa, es el Señor. Ante Él no necesito hablar, buscar palabras, sé que Él siempre estará ahí, aunque a veces no tenga fuerzas para agradecerle en estos momentos difíciles.

Para mí es importante descubrir y fortalecer en este tiempo de mi vida, mi pertenencia a Dios, experimentando que soy su hija amada, y por eso me siento invitada a no alejarme de su amor, sino a seguir perseverando y a seguir siendo fiel a sus invitaciones, sabiendo que no estoy sola en el camino, aún en lo que estoy viviendo actualmente.

En estos días de dolor he descubierto a Jesús Crucificado, que ha asumido su sufrimiento y su dolor hasta la muerte y la muerte en cruz. He experimentado también el amor misericordioso de Dios Padre y la ayuda santificadora del Espíritu Santo, que me ayuda siempre a ir más allá de mis fuerzas. En este proceso puedo decir al Señor como la Virgen María: Fiat voluntas tua.

Comprendí claramente la importancia de pertenecer a una familia religiosa, de tener otros seguidores de Dios que me apoyan con sus oraciones, su cariño y comunicación por correo. Me he dado cuenta que la familia es más grande cuando uno se siente apoyado y puede contar con los demás. Cuando uno va solo a un viaje largo, muy pronto llega el cansancio, la fatiga, pero si viajan varios juntos, caminan con entusiasmo.

Mi agradecimiento por todo el apoyo recibido de cada una de ustedes; especialmente de las Hermanas de la Provincia USA-Haití por estar tan cerca y atentas a mí. Estar cerca de alguien que está en la oscuridad de la vida es el signo más concreto de la amistad y el cumplimiento del mandamiento nuevo de Cristo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Esto lo experimenté realmente con la cercanía de cada una de mis Hermanas en este momento.

Esta doble pertenencia a Dios y a la Comunidad me hace ver todo lo que está más allá de mi vida, todos los acontecimientos complicados o difíciles que puedan suceder. Así, con una mirada de fe, agradezco a Dios por todo lo que consigo y que me hace crecer y fortalecer mi relación con Él. Lo más importante es confiar y tener a Dios en el centro y reconocer nuestras limitaciones, teniendo claro que hay cosas, como la pérdida de un ser querido, que no dependen de nosotros.

Al final descubro que una de las cosas más importantes es aceptarme a mí misma, a la vida y a los demás, lo cual sigue siendo un desafío. Y también darme tiempo para rezar y vivir con todas mis fuerzas el amor que siento dentro de mí, compartiendo cada día, aunque sea a la distancia como si fuera el último, con mis seres queridos, amigos y hermanas de la comunidad. Por esta experiencia valoro mis relaciones y soy consciente de que el tiempo pasa y tengo que aprovecharlo, no perderlo en lo que no es constructivo.

Publicaciones similares