Nilvia Madera NJM

Muchas son las maneras de proceder de Jesús en nuestras vidas, mi caso no es diferente, ya que soy la segunda hija de cinco hijos en una familia católica no practicante, pero que durante mi infancia mis padres y sobre todo, mis abuelos se preocuparon de que yo creyera en Dios.

Conocí al Dios de mi abuela y de mi madre hasta los 18 años, edad en la que todavía era obligatorio participar en las actividades de Semana Santa para luego poder ir a la playa en Pascua. Si no iba a la Iglesia no podía ir a la playa; esa era una situación que me preocupaba; sin embargo, Jesús “aprovechó” eso, para presentarse y desde ese momento las cosas que le preocupaban dejaron de ser una obligación para convertirse en una pasión, una manera diferente de hacer para que mi vida tuviera sentido, razón de ser y sobre todo, motivación para muchas cosas. Fue en esa Semana Santa que Jesús cambió el rumbo de mi vida, puso ‘juego’ en mi corazón para abrirme a conocerlo más interiormente, sembró en mí la curiosidad para dejarlo actuar, para buscarlo más hasta el punto de querer seguirlo, cuestión que me asustaba mucho, pues yo estudiaba en la Universidad, llevaba una vida como cualquier jovencita queriendo comerse el mundo, tenía una relación estable con un chico, y a veces hablábamos de cuántos hijos queríamos tener. No sé si tenía más miedo por lo que habíamos planeado, o por lo que me decía mi corazón.

Sin embargo, a pesar de todos mis temores, decidí buscar alguna ayuda y acompañamiento. Llegué a conocer numerosas congregaciones religiosas, tuve acompañamiento y conocí una Congregación durante algún tiempo pero me di cuenta de que ese no era mi lugar, que no encajaba en la misión que ellas realizaban, y terminé mi acompañamiento con la Hermana. Sin embargo, seguí preocupada y realicé diferentes trabajos apostólicos y algunos cursos de formación de misioneros y estuve muy cerca de las actividades de la Iglesia. Pasó mucho tiempo en esto, terminé mis estudios en la Universidad: soy psicopedagoga de profesión y también me titulé como maestra de jardín de infantes, para poder encontrar trabajo más fácilmente incluso en escuelas regulares. Tuve mucho trabajo y muchas oportunidades de poder ayudar de alguna manera a los que están olvidados, pero para mí todo esto no era suficiente. Jesús seguía insistiendo para que buscara otros medios; sentía la necesidad de encontrar la manera de realizarme más plenamente para dar y entregar todo lo que Él pusiera en mi corazón. Mi familia empezó a mostrarse inconforme por mis largas estancias en la misión y en las obras apostólicas. Mi relación con mi novio llegó al punto de tener que tomar una decisión y dar pasos y el único paso que quería dar era terminarlo, porque me quitaba mucho tiempo y me sentía obligada a cumplir con los horarios establecidos para vernos.

Las amigas que Jesús ha puesto en mi camino a lo largo de mi vida han sido de gran ayuda ya que a través de ellas conocí a las Religiosas de Jesús y María, y me sentí identificada con el Carisma que Claudina nos dejó, pero sobre todo, sentí que corresponde a la manera en que Jesús quiere que yo lo siga. Así fue como llegué a Jesús y María y he podido hacer parte de mi vida las invitaciones que Jesús me ha dado. Han pasado algunos años en los que he estado caminando con Claudina, he tenido miedo, en muchos momentos ha habido incertidumbre, pero las confirmaciones han sido más numerosas y más constantes de que Jesús quiere que lo siga en esta Congregación. Mi familia no está contenta con mi decisión pero yo puedo sentirme en paz porque siento que este es mi lugar y confío en que Jesús trabajará en sus corazones para que un día acepten mi vocación y de esta manera compartan mi alegría y felicidad. Muchas han sido las experiencias que he vivido, los caminos por los que he andado, las personas con las que he compartido; pero el JESÚS que se presentó un día sigue siendo el mismo con grandes sorpresas, con tanta vida compartida como una fuente que siempre da más, y que nunca se agota; un Jesús que me confirma cada día que lo nuestro es compartir la vida juntos para ir al encuentro del otro.

Publicaciones similares