Soy Lizbeth; Me gustaría compartir con ustedes cómo se desarrolló mi proceso vocacional. La Misión de Semana Santa cuando tenía 20 años, fue una de mis experiencias fundacionales, en la que mis pensamientos, mis emociones y sentimientos se agudizaron, se agudizaron y surgió en mí preocupación e interés por algo más en mi vida diaria.
Cada año participé de esta experiencia, siendo esta una oportunidad privilegiada de entrega total a mis hermanos de las comunidades de misión. Sentí que no dejaría de ir porque me gustaba, me hacía feliz, me sentía realizada o realizada compartiendo y aprendiendo sobre el amor de Dios. En mi corazón nacieron profundos deseos de seguir compartiendo mi vida con estas personas. Fue entonces cuando sentí en mi vida diaria que me faltaba algo. El trabajo, mis amigos, mis estudios y las fiestas que formaban parte de mi vida, no eran suficientes. Todo esto me provocó un gran miedo y traté de olvidarlo. Un Sacerdote que era amigo mío me invitó a participar en la Pastoral Vocacional dando algunos temas, invitándome a círculos vocacionales y volvieron a surgir aquellos deseos que tenía olvidados; El miedo estaba presente pero sentirme acompañada de Dios, esto me dio fuerzas para buscar los medios que aclararan mis inquietudes respecto a mi vocación.
Un día quise ir a las misiones así que busqué en Internet con quién podía ir; Encontré la página de las Religiosas de Jesús y María. Me gustó lo que leí y me motivé a buscar su contacto en Facebook y envié una petición amistosa pidiendo información sobre las misiones; Pedí ayuda por mis inquietudes, dudas y deseos vocacionales.
Posteriormente leí la biografía de Santa Claudina Thévenet, fundadora de las Religiosas de Jesús y María, y me impactó su vida, su experiencia de perdón y su visión de los jóvenes. Con esto me identifiqué y me cuestioné. Quería dar mi tiempo y entregarme a y todo para Dios. Pedí hacer una experiencia con las Religiosas para conocerlas, y en ella me sentí muy feliz, alegre como en casa, acompañada de Dios y de mis Hermanas. Y después me sentí confirmado en el deseo de compartir mi vida colaborando en la construcción del Reino como Santa Claudina.
